Tengo un amigo cubano…

Sergio Berrocal | Maqueta Newsoncinema

Tengo un amigo cubano que desde hace muchos años aguanta con fe y espera con paciencia. No le preocupa mucho que a los cubanos les llamen comunistas porque viven en un país donde reina el Partido Comunista de Cuba (PCC), aunque ya Fidel Castro no esté para decir lo que hay que hacer. Durante más de medio siglo, Fidel, el realizador de la revolución más genuina del siglo, que podría haberse filmado en el technicolor de las superproducciones de la vida, ha sido el conductor de diez u once millones de cubanos. Les ha animado cuando había poco que comer, les ha guiado cuando los Estados Unidos creían que podían invadir Cuba. Siempre estaba presente. Para lo bueno y para lo malo. Mi amigo cubano es periodista, tiene edad suficiente para haber combatido en algunas de las guerras anticolonialistas en las que Cuba estuvo presente. Y también le sobran años para haber corrido como periodista adonde le llamaban. No sé si es castrista, fidelista, comunista ortodoxo o socialista de ocasión, pero siempre tiene una sonrisa, un chiste para hacerte entender que ser cubano no es una ganga, que ha habido que luchar mucho, no solamente contra los que intentaron invadir del territorio nacional sino contra las circunstancias.

El fracaso de las zafras lo sudaron ellos con sus manos enguantadas, recogieron café en condiciones difíciles y como periodistas anduvieron por el mundo informando y observando.

Mi amigo cubano, como la mayor parte de sus compatriotas, es un hombre culto, estudioso, escritor, salido de una universidad donde estudiaron extranjeros venidos de muchos países que no solo eran del tercer mundo.

Excelente periodista, en la medida en que Cuba tiene su idiosincracia para todo, en la medida en que lo que en Europa es bueno allí no lo es tanto. Y en periodismo es más difícil, porque cuando un periodista europeo considera que la libertad de expresión exime del respeto al gobierno y a las instituciones, ellos te frenan. Ellos tienen otro “libro de estilo” que no pasa por esa supuesta libertad vale tudo que esgrime la prensa occidental.

Esos periodistas cubanos, que saben olvidar el adoctrinamiento llegan a hacerse respetar por los medios extranjeros que los nombran sus corresponsales en Cuba, como cualquier yanqui llegado de Minnesota. Y sus escritos nunca rozan las reglas rígidas que sirven en Cuba para frenar a los encargados de informar.

Casi todos mis amigos y amigas cubanos son periodistas ante los que habría que quitarse el sombrero, porque son cubanos y tienen que informar de la realidad cubana a países que no están en la línea de lo que llamaremos democracia periodística usada en los medios cubanos.

Lo que siempre me ha sorprendido es el extraordinario juego de cintura a la hora de informar a los periódicos o agencias de prensa para los que trabajan fuera de Cuba de acontecimientos que no siempre, ni mucho menos, son bendecidos por el gobierno, que durante muchos años estuvo acostumbrado al ordeno y mando en la información, con represalias como la expulsión del territorio nacional para el periodista extranjero que fuese más allá de una línea de conducta que no está escrita en ninguna parte.

¿Todos buenos en el paraíso comunista del Caribe?, me pregunta una amiga francesa. Pues no, claro está, hay los doctrinarios, los que te quieren vender sus ideas que apenas concuerdan con una realidad palpable ni a plazo fijo. Pero yo conozco hombres y mujeres que son periodistas ante todo. Y que lo prueban.

Como algunos cineastas que he conocido. Como muestra palpable está “Fresa y chocolate”, auténtica revolución en el país de la Revolución que en 1993 hizo estallar el problema de los homosexuales que hasta entonces eran maltratados en Cuba. Algunos incluso habían optado por el exilio como el escritor Reynaldo Arenas, que se marchó de Cuba desesperado aprovechando que en 1980 el gobierno organizó un embarque para Estados Unidos de gente que consideraba “indeseable·.

Arenas descubrió que tenía SIDA en Nueva York y, desesperado, se suicidó el 7 de diciembre de 1990. En 2002, esta historia la cuenta una bella película, “Antes de que anochezca”, un libro suyo se convirtió en la historia de su vida contada magistralmente en el cine por Julian Schnabel, con un Javier Bardem que tuvo ahí quizá su mejor actuación.

Ya ven que todo no es rosa, ni mucho menos.

Estrenada en el cine Karl Marx de La Habana, La película “Fresa y chocolate” fue acogida con todos los recelos del mundo por la prensa oficial cubana mientras que en el extranjero era una explosión de alegría. Esos recelos no cesaron durante mucho tiempo pese a que la realización el filme de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío había sido decidido por Fidel Castro.

Alfredo Guevara, entonces dirigente del cine nacional, me lo confesó al día siguiente del estreno.

Y pese a que fue la única película cubana seleccionada para competir en los Oscars.

No todo es blanco o negro.

Autor entrada: newsoncinema

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